Esas historias y leyendas son el motivo por el que el
Museo de los Duendes abrió sus puertas hace 15 años
En Huasca de Ocampo, un pueblo pintoresco enclavado en la
Sierra de Pachuca, Hidalgo, los duendes se han convertido en protagonistas de
un sinfín de travesuras, bromas y objetos perdidos, al grado de sorprender a
más de uno y hacer dudar a muchos escépticos.
La razón es simple: en este misterioso lugar, que forma
parte del Corredor de la Montaña hidalguense, los traviesos –o mejor dicho
malvados duendes- suelen desaparecer las carteras, las llaves del automóvil o
los calcetines de quienes por curiosidad llegan a visitarlos.
Pero, al parecer, lo que más disfrutan es trenzar el
cabello como lo hacen con las crines y las colas de los caballos, “pues en las
noches dejan unos trabajos en forma de columpios que son todo un arte, incluso
difíciles de hacer para un estilista profesional”, comenta Cristina Cortés de
Herwing.
Esas historias y leyendas son el motivo por el que el
Museo de los Duendes abrió sus puertas hace 15 años. Se trata de una casa de
madera instalada en medio del bosque, parecida a la de los cuentos, con
abundante heno colgado sobre las ramas de los árboles.
Compuesto por tres salas, el recinto tiene una colección
muy amplia de figuras de duendes, elfos, trools y hadas; además cuenta con
fotos, testimonios y los famosos “trenzados” elaborados por los propios
“niñitos” para jugar. Todo como prueba de su existencia en los alrededores de
este Pueblo Mágico.

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